Análisis del DLC The Legend of Zelda de Mario Kart 8
Circuitos muy clásicos y cuidados, para auténticos conductores.
- Sergio Figueroa
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Mario Kart 8 es un juego redondo, de 10, ya lo dije en mi análisis de mayo. Ahora, en la época de los DLC basura, Nintendo se ha sumado a la moda de vender más contenido para el mismo juego en forma de actualización.¿El mismo timo? En absoluto, la expansión The Legend of Zelda de Mario Kart 8 es una bendición.

En efecto, parte del contenido está relacionado con Link y con su mundo: aquí vienen un circuito de Hyrule, una moto creada a partir de Epona, una copa Trifuerza y más. Como se viene diciendo, tras 24 años de historia, Mario Kart se diluye para dar paso a Nintendo Kart. Cada cual que opine lo que quiera sobre si es un paso oportuno o no, yo me voy a centrar en lo que importa, en el contenido.
Este primer DLC ofrece dos copas, la Huevo y la Trifuerza. Son cinco circuito nuevos y tres viejos rehechos para la ocasión. Casi todos siguen un mismo patrón: tienen un diseño de trazado clásico, con carreteras estrechas, muchas curvas enlazadas y pocas zonas para poner a prueba las piezas. No hay nada de agua, solo un par de pequeños vuelos y, esos sí, bastante pista antigravitatoria.
Copa Trifuerza y Copa Huevo
Nada más comprar el paquete, las dos nuevas copas se añaden al plantel colocándose a la derecha de las últimas. Aunque las anteriores no estén desbloqueadas, estas están siempre abiertas. Para eso has pagado.
Esta expansión está formada por circuitos para conductores de primera. El más impresionante es la Ruta Dragón, con un diseños sinuoso y retorcido que te obligan a calcular con mucha precisión el ángulo de giro y a ir descubriendo qué curvas se pueden enlazar y en qué punto hay que cambiar el derrape. Está creado como combinación de la Gran Muralla china y el interior de un dragón, visualmente es espectacular. Quizá a los fans les llamen más Mute City y Circuito de Hyrule por la nostalgia y el cariño, y realmente también tienen un gran diseño. Ambos están repletos de detalles, como por ejemplos los pasillos de recarga de vida de F-Zero, que aquí sirven para conseguir monedas.
Os voy a dar un paseo por el Circuito de Hyrule. La meta está a las afueras, en la campiña, sobre un camino de barro en el que acampan algunos soldados. Avanza rápido entre los tablones de madera hasta llegar al empedrado que te dice que estás a las puertas del castillo. Pero, oh, no hay foso, así que toca volar para entrar en la ciudad. El paso por la fortaleza es breve, a base de giros de 90 grados entre murciélagos keese de Skyward Sword, y acaba el salón del trono, en el que espera la Espada Maestra con un miniturbo para quien la toque. Poco queda después de salir, solo un par de curvas más, pero ojo porque ahí esperan las babas Deku para comerse a quien se cruce. Como veis, los detalles The Legend of Zelda están por todos lados, y llegan al punto de que las monedas se cambian por rupias.
Algo que destaca en estos dos circuitos por encima del resto es su banda sonora. El Mario Kart con mejor sonido de la historia no ha dejado pasar la ocasión para marcarse dos adaptaciones muy rudas de los temas icónicos de ambas sagas.
La gran excepción al estilo general es el Estadio ExciteTruck, un cero cuya gracia es que cada vez que lo juegas las rampas, los charcos de barro y los turnos están en cambiados de sitio. No, realmente la gracia es probarlo a 12 jugadores online, una escaramuza más sanguinaria que el Parque Bebé.

Los circuitos repescados también son para disfrutar conduciendo. Qué decir del de Yoshi, que no tiene ni una recta, o de las minas de Wario, con unos cambios de rasante que te vuelven loco debido a la escasez de luz. Es todo un espectáculo ver el acabado que le han dado a ese trazado no tan viejo, con un aspecto muy realista y una iluminación que se mete en la partida.
El más fiel es la Senda Arcoiris de SNES, que además no es el cierre de la copa, un detalle que escamará a los puristas. Ahora no hay un mundo negro debajo, hay un paisaje del mundo 3 de Super Mario Bros. que se atisba bajo la luz tenue emitida por pequeños destellos de los árboles.
Personajes, vehículos y partes
Donde menos inspirado ha estado el equipo de Hideki Konno ha sido en la inclusión de personajes, porque un Mario más y una Peach más, por muy disfrazados que estén, poco aportan. Es cierto que sus movimientos y animaciones son diferentes y pueden resultar simpáticas, pero nada más. El tercero es Link, es decir, el primer corredor que no llega directamente de un juego de Mario y compañía. Se pasa el día haciendo sus gritos y quejidos de atacar con la espada y resulta algo pesado, pero su gorro flotando al viento lo compensa.
Los vehículos sí que realizan una aportación mucho más interesante. Son muy distintos entre sí, y me quedo especialmente con el jeep de Mario Tanooki. Se controla con una suavidad que invita a jugar a quienes lo pasan peor, y no es excesivamente lento. Justo lo contrario que el vehículo de F-Zero, que es duro y no entra fácilmente en curva. Después está la moto hylina. A mi no me gustan las motos en Mario Kart, nunca las escojo, pero solo por ver ese pedazo de adaptación de un caballo a las dos ruedas con un aspecto mecánico-medieval merece la pena sacarla a paseo de vez en cuando.
Poco hay que decir de las partes, que son más simbólicas que otra cosa. El ala que viene con Link es horroroso.

Llegan los amiibo
El DLC de The Legend of Zelda de Mario Kart 8 llega con la actualización 3.0 del juego. Y en el pack de datos también viene la compatibilización con los amiibo. Su uso es anecótico, no tiene ningún valor en la partida. Pero es un detalle de estilo sensacional. Al pasar el muñeco por el Wii U Gamepad se desbloquea un traje alternativo para el corredor Mii basado en el personaje en cuestión.
Muy simple, no es algo por lo que pagaría, sin embargo, tenerlo gratis es un lujo. Es contradictorio, lo sé, pero el diseño de cada disfraz es tan bueno, tan bonito y tan delicado que no puedo dejar de dar las gracia. Además, acceder a ello y escogerlo o quitarlo es sencillísimo, y sirve incluso si te lo deja un amigo.
El precio del pack con los 2 DLC, este más el de Animal Crossing de marzo de 2015, es de 12 euros. En total son 16 circuitos, seis corredores y ocho vehículos. Es decir, por la quinta parte del precio te llevas la mitad de lo que es un Mario Kart. Y no uno cualquiera, porque el nivel de los trazados aquí presenten está tan alto como el de los mejores del juego básico.
Nunca hemos tenidos dos títulos de esta saga en una generación, siempre de cinco años en cinco años. Se acabó la espera eterna.